Discursos
DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,  DOCTOR LEONEL FERNÁNDEZ, PRONUNCIADO DURANTE LA FIRMA DEL CONTRATO DE  VENTA DEL 49 POR CIENTO DE LAS ACCIONES DE LA REFINERÍA DOMINICANA DE PETRÓLEO (REFIDOMSA)  A LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

Excelentísimo presidente de la República Bolivariana de Venezuela, don Hugo Chávez Frías

Honorable Vicepresidente de la República Dominicana, doctor Rafael Alburquerque

Distinguidos integrantes de la delegación dominicana

Distinguidos integrantes de la delegación de la República Bolivariana de Venezuela

Señores ministros;  altos funcionarios de la nación

Señores y señores

 

Amigos todos:

Permítanme,  en primer término, en nombre del gobierno y de la República Dominicana, brindar las más cordiales y cálidas bienvenidas al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, al distinguido amigo, el presidente Hugo Chávez, así como a los miembros de su delegación a nuestro país, la República Dominicana.

Sin duda alguna,  a través de los años,  han existido unos tradicionales lazos de amistad, de cooperación, de solidaridad, de fraternidad entre Venezuela y la República Dominicana, pero en el día de hoy esos tradicionales vínculos se han fortalecido aún más con la presencia enaltecedora entre nosotros del presidente Hugo Chávez y de los miembros de su comitiva, así como por los distintos acuerdos y convenios suscritos en el día de hoy,  que son de mutuo beneficio para Venezuela y la República Dominicana.

Los lazos históricos entre nuestros dos países nacen desde antes del surgimiento  de la República, entre nosotros. Ya en la época de la Independencia Efímera, en el 1821,  cuando intentamos por vez primera crear un Estado nacional independiente de República Dominicana enviamos a un delegado a encontrarse con Simón Bolívar,  en la Gran Colombia,  con la finalidad de que la nueva república que emergía se integrase a ese gran proyecto, a ese gran sueño del libertador de la Gran Colombia.

 Desafortunadamente, nuestro delegado no llegó a tiempo a encontrarse con Simón Bolívar y por esa razón se frustró en aquella ocasión que una República Dominicana independiente y libre se integrase al gran proyecto bolivariano.

Sin embargo, las relaciones de Venezuela no eran sólo con la parte oriental de la Isla de La Hispaniola, también eran  con la parte occidental (Haití),  que desde 1804 se había convertido en la primera república negra de América Latina y que tuvo que luchar,  desde un primer momento,  para evitar la presencia de fuerzas imperiales en su territorio, para revertir el fenómeno de la esclavitud.

Transcurría el año de 1816 y  se encontraba Simón Bolívar en Jamaica, luego de haber fracasado la Segunda República en Venezuela y desde Jamaica decidió venir a Los Cayos,  en el sur de Haití, donde recibió todo el apoyo de Alexandre Petión,  a los fines de que Bolívar reencauzase,  una vez más, la lucha por la independencia de Venezuela, de toda la Gran Colombia y,  por consiguiente, de todo el continente sudamericano.

Con el respaldo de Petión,  partió Bolívar entonces hacia la isla Margarita y de ahí la emprendió de nuevo;  reencauzó la lucha por la independencia de Venezuela.

Por tanto, desde aún antes de existir Venezuela como república, desde antes de existir República Dominicana como república hay unos lazos históricos fraternales entre nuestros pueblos.

Con el tiempo, eso se ha consolidad.  Basta recordar aquí que el padre fundador de la República Dominicana, Juan Pablo Duarte, luego de haberse proclamado la Independencia Nacional y con el triunfo del sector conservador en nuestro país, tuvo que emigrar hacia el exilio y donde se refugió por más de dos décadas, fue,  precisamente, a Venezuela.

Me correspondió el inmenso honor,  durante nuestro primer período de gobierno, estando en Caracas,  inaugurar la casa donde vivió en Venezuela el patricio fundador de la República.

Más aún, en tiempos recientes, en tiempos modernos, mientras en la República Dominicana se lucha contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, los exiliados dominicanos  eran recibidos con apoyo por parte del pueblo y los gobiernos de Venezuela.

Sin embargo, en el día de hoy en presencia del presidente, Hugo Chávez, podemos  transmitir a una escala aún superior esos vínculos de amistad, de fraternidad, de cooperación y de solidaridad entre nuestros pueblos.

Esto así, porque el presidente Hugo Chávez en las relaciones, no sólo con la República Dominicana, sino en las relaciones del gobierno de Venezuela con los hermanos pueblos del Caribe, de Centroamérica y de América Latina ha ido creando un nuevo marco conceptual de cómo se establecen esos vínculos y esas relaciones.

Lo hemos visto en la práctica y también lo podemos apreciar en un nuevo lenguaje que permite elevar esas relaciones hacia un estadio superior en esta primera década del siglo XXI.

En el orden práctico, ese estadio  ha representado para la República Dominicana, para el Caribe y Centroamérica el Programa de Petrocaribe.  Debo decirle,  Presidente,  que en el momento en que usted adoptó generosamente la idea de crear Petrocaribe, los precios de los hidrocarburos estaban incrementándose abruptamente en los mercados internacionales.

Para nosotros,  en la República Dominicana,  habría sido insostenible, mantener la estabilidad y el crecimiento de nuestra economía por los altos precios de los combustibles a nivel internacional.

 Mientras, en algunos lugares del mundo se hacia un aprovechamiento especulativo financiero con los altos precios del petróleo, porque la lógica era maximizar las ganancias, en el caso particular suyo y de su gobierno en Venezuela, se aprovechó la crisis para manifestar solidaridad, generosidad y cooperación con nuestros pueblos.

De manera que podemos observar que hay dos criterios y dos visiones para entender como hoy día se nos establecen vínculos y relaciones entre los pueblos. Mientras unos aprovechan la crisis para beneficiarse y acumular capital, otros ven la crisis como una oportunidad de integración,  de intercambio, de cooperación, de solidaridad y generosidad. Y ese ha sido el caso suyo, presidente Chávez,  con la República Dominicana y con todos los pueblos del Caribe.

Pero en el día de hoy, si prestamos atención al lenguaje de los convenios que hemos suscrito, nos damos cuenta que hay una nueva conceptualización y una nueva visión de cómo deben fundamentarse las relaciones entre los pueblos.

Hemos suscrito un acuerdo de comercio y desarrollo, pero en ese convenio o ese acuerdo, lo que se dice es que se tomará en consideración fomentar el incremento de  la producción y de la productividad en un marco de economía solidaria, con la finalidad de que campesinos, cooperativas y asociaciones puedan,  efectivamente, aprovechar este convenio incrementando su producción y encontrando un mercado de colocación para sus productos, donde lo que prevalece no es la lógica de mercado, ni la lógica de maximización de las ganancias, sino la lógica de la solidaridad, la lógica de la cooperación y de la integración.

Debo decir que esto nunca se había visto antes en las relaciones de nuestros pueblos. Nunca antes había visto yo un documento de intercambio entre dos naciones,  donde se pusiese particular interés en contribuir al desarrollo de sectores sociales tradicionalmente marginados como serían los indígenas y los campesinos y las cooperativas y las asociaciones;  y que un acuerdo de comercio no esté fundamentado en una lógica de mercado, sino en una lógica extra mercado, donde lo que prevalece es la economía social de la solidaridad.

Pienso que con esto Venezuela le está demostrando al mundo un sentido de liderazgo, una visión, donde lo que predomina es la ética, donde lo que predomina es el deseo de cooperación, donde lo que predomina es el espíritu de fraternidad y de humanización que debe prevalecer entre los pueblos del mundo.

De verdad, Presidente,  que le felicito sinceramente por este aporte que hace su gobierno, por  lo que hace usted en lo personal para encauzar los vínculos internacionales entre los pueblos, que deben ser vínculos para promover la paz, para promover la concordia, para promover la unidad, la solidaridad, la cooperación, la integración de nuestros pueblos, como efectivamente, se ha demostrado aquí en el día de hoy.

De adoptar esta visión, de adoptar estos criterios, sin duda alguna, que el planeta sería un lugar mucho más habitable y podríamos hablar, definitivamente,  de alcanzar la convivencia civilizada entre los pueblos del mundo.

Mis felicitaciones más sinceras,  y permítame testimoniar la gratitud eterna del pueblo de la República Dominicana a su espíritu de solidaridad y cooperación con nuestra nación.

Muchas gracias

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La Opinión del Director
Una tarde de 1971, cuando despuntaba el verano, un vecino del ensanche La Fe, sector de la capital en el que nací y crecí, se apareció en mi casa sin aliento para informarle a mis padres que un grupo de forajidos había “detenido” a Narciso, mi hermano mayor, con el objetivo de darle una pela con una cadena, lo que puso nervioso a todos en la familia, incluso a quienes éramos muchachos.
Revista Palacio
9/6/2010
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