Discursos
DISCURSO DEL PRESIDENTE LEONEL FERNANDEZ EN EL MARCO DE LA CONFERENCIA TECNICA PREPARATORIA POR HAITI, CELEBRADA EN EL HOTEL SANTO DOMINGO

Señor Primer Ministro de Haití, Jean Max Bellerive, honorable señor Ministro de Relaciones Exteriores de la República Dominicana, don Carlos Morales Troncoso, Ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Temístocles Montás, señor Edmond Mullet, Representante de las Naciones Unidas y Haití, señores miembros del Cuerpo Diplomático y Consular acreditados en el país, señores representantes de organismos multilaterales, ilustres invitados, señores y señoras, amigos todos….

Quisiera en primer lugar en nombre del pueblo y de la República Dominicana brindarle una cálida bienvenida al país y al mismo tiempo, saludar la celebración en el país de esta conferencia técnica preparatoria que tendrá mucha utilidad para el próximo encuentro que será celebrado el próximo 31 de marzo en las Naciones Unidas, en Nueva York.  Hemos visto con gran interés el informe presentado aquí por los organismos técnicos que han trabajado conjuntamente con el gobierno de Haití, es decir, el informe presentado por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, las organizaciones de Naciones Unidas y el propio gobierno de Haití, cuyos resultados fueron presentados en este cónclave en el día  ayer.  En adición a los organismos técnicos también se une la Unión Europea que ha tenido un rol importante en la elaboración de este informe.

Me llama la atención efectivamente que el sello tenga como título programa de reconstrucción nacional y desarrollo, lo que quiere decir que está visualizando el problema de Haití en dos vertientes.  Lo que tiene que ver con una evaluación en Haití de los daños y las pérdidas ocasionados por el terremoto del 12 de enero, pero al mismo tiempo reconocimiento de que la situación de Haití no sólo se limita a una recuperación de los daños y las pérdidas ocasionadas por el desastre natural, sino que hay la necesidad de abordar una estrategia nacional de desarrollo integral de largo plazo con Haití. Es recuperación, es rehabilitación, pero es el retorno a una agenda de desarrollo que tiene exactamente 200 años de rezago para Haití.

Así como este terremoto por el impacto que ha tenido recuerda en que tuvo lugar 200 años atrás, se ha establecido que la agenda de desarrollo de Haití tiene 200 años de rezago y es el momento oportuno para que la comunidad internacional pueda efectivamente comprometerse con que Haití pueda incorporarse plenamente al mundo moderno, al siglo XXI, garantizándole a su población una vida digna y una vida justa.  Y decimos que tiene 200 años de rezago, porque efectivamente la situación de pobreza crónica en Haití empezó como resultado de su guerra de Independencia, que fue la única en toda América Latina que, al mismo tiempo que rompió los lazos coloniales con el poder europeo de la época, abolió la esclavitud.  Haber abolido la esclavitud le ocasionó a Haití el aislamiento internacional y vino a ser reconocido por muchos países cerca de un siglo después, porque el hecho de haber abolido la esclavitud se convertía en un elemento de contagio que se quería evitar.

Por consiguiente, frente a Haití ha habido una injusticia de carácter internacional durante décadas, durante muchos años y es el momento de poderlo reparar en estos instantes.  Pero además, cuando examinamos, cuando comparamos la magnitud del impacto ocasionado en Haití por el terremoto, con lo que han ocurrido en otros lugares, nos damos cuenta como el peso de la pobreza crónica ha jugado un papel en la magnitud de la tragedia ocasionada en Haití. Por ejemplo, todos sabemos que en el año de 1989 en una de las celebraciones de la serie mundial en Estados Unidos en el béisbol se produjo el terremoto de California, un terremoto de una escala de 7,3 en la escala de Richter, duró aproximadamente 30 segundos y en ese terremoto de California parecido al de Haití de 7,3 grados murieron solo 63 personas y los daños mínimos en término de infraestructura.

Recientemente en Chile, el 26 de febrero, ocurrió otro terremoto, 8,8 en la escala Richter, duró 90 segundos, se extendió por seis regiones. Se extendió hacia Argentina, afectando a Buenos Aires, Córdoba, la Rioja. En Chile, sólo murieron 220 personas, daños prácticamente nulos en comparación con Haití. Ayer se decía en estos encuentros que el impacto del terremoto generó 40 millones de metros cúbicos de escombros, algo verdaderamente dramático.  40 millones de metros cúbicos de escombros, eso es lo que se llama la vulnerabilidad ocasionada por una pobreza histórica estructural crónica que existe en Haití y nosotros creemos que esto es inaceptable.  Por consiguiente, la recuperación en Haití, la rehabilitación, la vuelta al estado anterior al 12 de enero, es la recuperación histórica de lo que ha ocurrido en Haití en 200 años. 

Por lo tanto, lo que estamos viendo es una tarea gigantesca, titánica la que tenemos por delante en Haití para lograr la recuperación y el pleno desarrollo. Afortunadamente, el trabajo que han hecho las organizaciones bilaterales, la Unión Europea y el gobierno de Haití nos van ha servir como carta de navegación para efectivamente identificar cuáles son las áreas que tienen que ser enfrentadas, cuáles son los recursos necesarios, cómo identificar las fuentes de financiación para esos programas.

Me parece como un elemento clave la explicación en esta carta de ruta que plantea el desarrollo integral a largo plazo de Haití, el hecho de que parte que es un plan de reconstrucción nacional que por tanto, va ha requerir la parte interior de Haití, la unidad nacional del pueblo haitiano. Me parece que es imprescindible establecer, señor Primer Ministro, me dispensa si puede interpretarse con algún nivel de interferencia en asuntos internos en Haití, pero lo hacemos desde el ángulo del afecto, del cariño y la hermandad que tenemos por el pueblo haitiano, y es el hecho de poder construir un diálogo constructivo permanente entre el estado y la sociedad civil en Haití.  Este diálogo es importante para poder estimular cualquier factor de desconfianza que pueda haber entre segmento de la sociedad y el Estado.  Creo que en la medida que se incorpore a todos los sectores de la vida nacional haitiana en el plan de reconstrucción nacional, será mucho más eficiente.

Hoy día lo sabemos incluso por nuestra experiencia en la República Dominicana, los pueblos no solo quieren que haya un proceso de desarrollo, el pueblo quiere que se les incorpore que se les integre en la ejecución de los proyectos y los programas.  Quieren ser artífices, quieren ser partícipes de lo que se va ha ejecutar y por tanto, creo que esto sería muy sano, construir un puente de diálogo, constructivo, permanente en los distintos sectores.  Que se sientan comprometidos, integrados a este esfuerzo que será de reconstrucción y desarrollo integral en Haití.

Lo otro como bien lo han dicho ustedes es hacer una segmentación, una división en las distintas áreas que tienen que ser abordadas. Obviamente, que está el factor económico por el impacto macroeconómico que ha tenido para Haití el terremoto, en esto hay elementos de muy corto plazo y elementos que se extienden a más largo plazo.  En el corto plazo, yo he sido testigo del drama presentado por el presidente Preval en la Cumbre de Cancún acerca de sus necesidades inmediatas.  Que haya un millón de personas sin hogares, que estén viviendo en casa de campaña o carpas, que no haya en Haití suficientes carpas para albergar a estas personas, me parece algo realmente dramático.  Se necesitan 200 mil carpas en estos momentos en Haití, importante sobretodo porque estamos en la antesala de un período de lluvias  y si estas personas no están debidamente albergadas sabemos que será un foco de enfermedades contagiosas.

Hubo un compromiso en Cancún de varios países de proveer estas carpas, en total llegamos a donar unas 70 mil, lo que quiere decir, que faltan otras 130 mil carpas en lo inmediato para albergar a un millón de personas en Puerto Príncipe.  Yo diría que en Nueva York en este encuentro del 31 de marzo con los grupos donantes sería importante establecer como cuestión de urgencia el obtener las 130 mil tiendas de campañas o carpas restantes para albergar a un millón de personas de Puerto Príncipe.

Naturalmente más allá de esta urgencia está, como lo ha previsto el informe, la construcción de viviendas en Haití, la construcción de miles de viviendas para poder retribuir condiciones de vida dignas a las personas afectadas.  Pero se hará dentro de un esquema diferente al preexistente, en lugar de concentrarse todas estas viviendas en Puerto Príncipe. La idea es que haya un proceso de desconcentración territorial y de descentralización.  Y por consiguiente, el crear nuevas fuentes de empleos, el crear una nueva estructura económica más dinámica en los distintos departamentos.  Esta es la idea del desarrollo territorial que han planteado ustedes en el informe y que nos parece a nosotros que también resulta clave para el futuro de Haití, esto implicará la creación de polos de desarrollo y estos polos tienen que identificarse con fuentes específicas de crecimiento económico.

En algún lugar será la agricultura, entendemos nosotros que Haití tiene que ser un país con seguridad alimentaria, no se justifica de ninguna manera que Haití tenga que importar arroz, cuando agricultores haitianos vienen a la República Dominicana a sembrar arroz.  Uno se pregunta cómo es posible que Haití tenga que depender de su consumo de arroz de la importación cuando son sus trabajadores que vienen a República Dominicana a sembrar arroz.  La respuesta la encontramos en la distorsión del mercado internacional.  Haití importa arroz subsidiado de los Estados Unidos, la importación de ese arroz resulta más barato que producirlo internamente en Haití, pero sabemos que debido a una economía especulativa global, los precios de los alimentos tienden a subir y cuando eso ocurra entonces Haití no encuentra capacidad para la satisfacción de la seguridad alimentaria y esto se convierte en protesta de las protestas sociales y de las protestas sociales se deriva en inestabilidad política.  Por lo tanto, la comunidad internacional también tiene que intervenir para que Haití sea un país con capacidad de seguridad alimentaria, corriendo la distorsión comerciales internacionales y creando los mecanismos internos en Haití para ser posible esta seguridad alimentaria.

Creo que es importante la introducción de nuevas tecnologías para aumentar la capacidad de producción agrícola, para incrementar su productividad.  La utilización de invernaderos o fuentes de producción bajo climatización controlada sería, tal vez, una experiencia importante para Haití para incrementar producción y productividad.  En muchos lugares será el desarrollo turístico, Haití es una atracción por si misma, por su historia, por su cultura pero requiere del desarrollo de infraestructura y el desarrollo de recursos humanos para atender el desarrollo turístico.  En fin, en otras áreas será la industria, el desarrollo de textiles, construcción de calzados, de plásticos.  Aquí puede haber una economía complementaria con República Dominicana, se ha avanzado a una etapa superior de valor agregado a su producción industrial con fines de exportación.

Estamos pensando inclusive en un planteamiento en base a la experiencia de lo que se llamó el programa 36 de Estados Unidos con Puerto Rico.  El programa 36 se refiere a la exención del Código de Impuestos Internos  de los Estados Unidos, se autorizaba que inversiones de empresas norteamericanas en Puerto Rico cuando las utilidades fueran hacer repatriadas a Estados Unidos quedaban exentas de pago.  En base a ese programa, Puerto Rico en los años 80 y 90 pudo crecer enormemente y se estableció un mecanismo de plantas gemelas con República Dominicana.  Las empresas que invertían en Puerto Rico si tenían una empresa gemela en República Dominicana quedaban protegidas con la exención del pago de impuestos en los Estados Unidos en el informe de las utilidades. Ese programa podría llevarse a Haití para traer inversiones también de corporaciones norteamericanas, canadienses, europeas con un programa de este tipo porque incentiva a la inversión que es el motor para el crecimiento y el desarrollo.   En fin programas industriales, de comercio,  el desarrollo de un sistema de microcrédito, de financiación a pequeñas y medianas empresas en Haití para generar empleos y para crear la dinámica económica que se está requiriendo.  

El desarrollo de la infraestructura educativa, de la infraestructura universitaria.  Y debo decirle, aprovecho esta ocasión para decirle al señor Primer Ministro y a las autoridades haitianas y a toda la comunidad internacional aquí reunida que de la República Dominicana hemos pensado seriamente cómo es que  podemos ayudar a Haití en la parte educativa, cuál podría ser el mejor aporte que desde la República Dominicana podemos hacer y después de consultar a diversos sectores de la vida nacional, en el ámbito gubernamental y en la sociedad civil nuestra y el sector empresarial, tenemos un proyecto público privado en República Dominicana, no solo el gobierno, es el sector empresarial y la sociedad civil y es aportar a Haití su universidad.

 El 90 por ciento de la estructura universitaria colapsó y nos parece que con miras al futuro,  para la formación  de sus recursos humanos la República Dominicana va ha aportar la construcción de una universidad moderna, del siglo XXI.  Estamos trabajando en el diseño de esa universidad y es un modelo tipo a los que tenemos aquí en los centros regionales que pueda albergar a unos 10 mil estudiantes pero que tenga laboratorio de informática, laboratorio de química, de biología, de física para los estudiantes del ámbito de las ciencias naturales, un auditorio moderno y tecnología moderna de Internet y de comunicación satelital, en fin,que la juventud haitiana encuentre que hay una oportunidad para poder capacitarse y para poder cristalizar sus aspiraciones de progreso individual, social, familiar, comunitario y nacional.

 En fin hay tarea de reconstrucción en el ámbito de infraestructuras, en el ámbito de la salud, en el ámbito de lo social, es una tarea gigantesca la que se tiene por delante en Haití.  Pero estamos seguros que en esta ocasión que la presencia de ustedes aquí hoy, la presencia de diversos países de América Latina, de Europa, de distintas partes del mundo, la presencia de la OEA, que está aquí su subsecretario general, en fin yo creo que es simbólicamente el compromiso de que esta vez Haití no será abandonado, de que el compromiso con Haití sigue más allá de las primeras planas de los diarios a nivel internacional, que es un compromiso firme que se va a ratificar en Nueva York el 31 de marzo, que volverá a ser puesto en el encuentro de la Unión Europea, América Latina y del Caribe en mayo en Madrid y que terminará aquí en República Dominicana el 2 junio  en la Conferencia Mundial Sobre el Futuro de Haití. Hay ideas claras, se ha hecho una evaluación del daño muy minuciosa, muy profesional.  Sabemos el costo que esto tiene en términos financieros, en términos económicos, el costo humano que hay que hacer.  Hay el compromiso y una voluntad internacional.  Sabemos de la sostenibilidad del esfuerzo que requiere para lograrlo, estamos convencidos señor Primer Ministro que esta vez lo lograremos, que cuando hay voluntad si se puede, creemos que en estos momentos hay una voluntad de la comunidad internacional para que Haití pueda vivir conforme a los sueños y a las expectativas de Toussaint Louverture y Jean Jacques Dessalines, muchas gracias.

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La Opinión del Director
Una tarde de 1971, cuando despuntaba el verano, un vecino del ensanche La Fe, sector de la capital en el que nací y crecí, se apareció en mi casa sin aliento para informarle a mis padres que un grupo de forajidos había “detenido” a Narciso, mi hermano mayor, con el objetivo de darle una pela con una cadena, lo que puso nervioso a todos en la familia, incluso a quienes éramos muchachos.
Revista Palacio
9/6/2010
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